miércoles, 13 de noviembre de 2024

Efímera Comodidad…

No te pertenezco ni me perteneces. No estás en mis días ni en mis noches, no compartes los momentos simples, no llenas con tu risa los vacíos de mi casa. No ocupas un lugar en mi vida ni en mis cotidianos pensamientos. Somos, en esencia, desconocidos. 

Tú, yo, y este espacio que habito, permanecen distantes, como si las paredes que nos rodean marcaran los límites de una invisible, pero palpable, separación.

Eres un extraño, un visitante ocasional que solo llega buscando un refugio, sin interés en nada más que el breve consuelo de una cama a veces desordenada. No buscas conexión, ni compartir una mirada que trascienda lo inmediato, ni quedarte para construir algo en común. 

Te conformas con la efímera comodidad de un lugar donde descansar temporalmente.

¿Qué me queda por hacer? Cederte ese espacio cuando lo pidas. Pero, al final del día, sigo siendo yo el que vive en este silencio. La soledad, aunque incómoda, es mi verdadera compañía, mi constante realidad. 

Puedo ofrecerte una cama por momentos, pero mi vida permanece intacta en su aislamiento. Vivo solo, no por elección, sino porque esa es la naturaleza de lo que somos: dos desconocidos que nunca compartieron realmente una vida.

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